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Un maravilloso DON

  • Foto del escritor: F. E. Lizana A.
    F. E. Lizana A.
  • 2 jun 2020
  • 8 Min. de lectura

“(...) y le mostraré mi salvación” (Salmo 91:16).



7ma. Promesa: La Salvación


Hace algunos años recuerdo que me atreví a invitar a un compañero de trote (footing) de cada domingo por la mañana, a una reunión especial que se llevaría a cabo en mi Iglesia. Me habló de su creencia en Dios y también de su pensamiento sobre Cristo. Según sus palabras, me dio a entender que Jesús era para él, uno de los tantos maestros iluminados que había venido a este mundo, ante lo cual le mencioné que había una diferencia sustancial entre Jesucristo y aquellos otros grandes maestros que han existido, y que la Biblia presenta a Jesucristo como el “Salvador del mundo”.

Me dijo; “¿Salvador de qué?”, le contesté que Jesús había venido a morir en una cruz para salvar al mundo y perdonar todos nuestros pecados y, que aquella declaración de las Escrituras demandaba un acto de fe en Jesucristo y que por ello se distinguía el ministerio de Jesucristo de todos los otros maestros. Me argumentó que cada uno era responsable de sus “errores” y que no era comprensible que otro tuviera que pagar en nuestro lugar las consecuencias de nuestros “errores” cometidos, muriendo en una Cruz.

Es común este tipo de comentarios y razonamientos para explicar una realidad espiritual y, que no pocos están influenciados por estas creencias y filosofías de oriente , que a través de las últimas décadas han sido bienvenidas en occidente y aceptadas por multitudes que les parecen muy atractivas, pero son contrarias a las enseñanzas de la Biblia.

Grandes Maestros de la antigüedad

Leamos algo acerca de algunos grandes maestros de la antigüedad:

Zoroastro o Zaratustra: Profeta persa, fundador del mazdeísmo o zoroastrismo (Media o Bactriana, h. 628 - ?, 551 a. C.). Zoroastro (también conocido como Zaratustra) predicó una nueva religión basada en la adoración de una deidad suprema llamada Aura Mazda u Ormuz («el Señor Sabio»), acompañada de los seis espíritus de la verdad, la justicia, el orden, la docilidad, la vitalidad y la inmortalidad.

Buda ;(Kapilavastu, actual frontera entre Nepal y la India, h. 560 a.C.-Kusinagara, hoy Kasia, actual India, h. 480 a.C.) Príncipe indio del clan de los Sakyas, fundador del budismo.

Tras varios años de infructuosa meditación, el día de luna llena de Vesakha (mayo del 523 a. C.) se sentó bajo una higuera sagrada en Uruvela, a orillas de un afluente del río Ganges, dispuesto a no moverse de allí hasta alcanzar el verdadero conocimiento. Éste le sobrevino durante la noche, una vez superadas las tentaciones que para alejarlo de su fin dispuso el dios Mara, y Gautama obtuvo la iluminación, y se convirtió desde entonces en el Buda, que significa el Iluminado.

. Confucio; (Kung Fu-Tse) Pensador chino (Lu, actual Shantung, China, h. 551-479 a. C.).

. Lao Tsé; Pensador chino, creador del taoísmo (Norte de China, h. ss. VI - IV a. C.).

JESÚS de Nazaret, el más grande de todos los Maestros

Todos estos grandes maestros, que sin duda son reconocidos por sus sabias y profundas enseñanzas, ninguno de ellos ofreció la salvación para los hombres y el perdón de todos sus pecados. Sin embargo la revelación bíblica con anterioridad de 3500 años a todos estos grandes pensadores, nos cuenta la historia del Señor Jesucristo, como el maravilloso Maestro de Galilea, que es reconocido como el Mesías según la autoridad de las Escrituras. Su testimonio de amor irrenunciable por una humanidad perdida, su sacrificio expiatorio en la Cruz, la revelación y exaltación de su ministerio por el Espíritu Santo.

Compartiré un comentario hermoso sobre el Maestro de Galilea:

“El mundo ha tenido sus grandes maestros, personalidades de intelecto gigantesco y gran espíritu de investigación, hombres cuyas declaraciones han estimulado el pensamiento, y han abierto a la vista los amplios campos del conocimiento; y estos hombres han sido honrados como guías y benefactores de su raza; pero hay Uno superior a ellos. Podemos rastrear la ascendencia de los maestros del mundo hasta donde alcanzan los informes humanos: pero antes de ellos estaba la Luz. Así como la luna y los planetas de nuestro sistema solar brillan por la luz que reflejan del sol, los grandes pensadores del mundo, en lo que tenga de cierto su enseñanza, reflejan los rayos del Sol de Justicia. Todo rayo del pensamiento, todo destello del intelecto, procede de la Luz del mundo (…), Y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz “(Isaías 9:6). En el Maestro enviado por Dios, el cielo dio a los seres humanos lo mejor y lo más grande que tenía. Aquel que había estado en los consejos del Altísimo, que había morado en el más íntimo santuario del Eterno, fue escogido para revelar personalmente a la humanidad el conocimiento de Dios”. (La Ed. pág. 13,73. Elena de White).


. Los evangelios nos dejaron este extraordinario testimonio; “Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre” ( S. Juan 7:46).

Ninguno como Jesucristo pudo decir ante sus enemigos; “¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?” (S. Juan 8:46). Y en los momentos de alta tensión, testificó acerca de su preexistencia; “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”. (S. Juan 8:58), dando a entender así, que Él era el” Gran YO SOY”, de la antigüedad, el que hablaba cara a cara con Moisés. Dice la Biblia; “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY” (Éxodo 3:14).

El humilde “hijo del carpintero”, llego a decir; “Yo y el Padre UNO somos”. (S. Juan 10:30). Jesucristo, ofreció a sus seguidores, la seguridad de la vida eterna, cuando dijo; “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”. (S. Juan 10:27, 28).

Jesucristo cumplió las profecías y lo que de él decían siglos atrás, anunciado por los profetas; “Saldrá ESTRELLA de Jacob, Y se levantará cetro de Israel,” (Números 24:17)

- Iba a nacer de una virgen en Belén; Isaías 7:14; 9:6; Miqueas 5:2; S. Lucas 1:31,35.

- Sería ungido como el “Santo de los santos”, al terminar la semana 69, e iniciaría su ministerio y por otra semana a la mitad de ella, le sería quitada la vida. Véase Daniel 9:23-27.

- Su muerte en la Cruz convertida en el triunfo para asegurar el plan de salvación en favor de la humanidad. Véase Génesis 3:15; Salmo 91; 13.

- Su muerte y resurrección. Véase 53:4-7; Job 19:25,26; Salmo 16:10.

- Fundo la Iglesia cristiana, léase S. Mateo 16:18. Preparó doce discípulos y los envió por el mundo con la gran comisión de predicar el evangelio de la salvación de todos los hombres. Véase S. Mateo 28:18-20; 24:14.

El Señor Jesucristo el Salvador del mundo

Nos llena de esperanza saber que nuestra existencia no necesariamente debe remitirse solamente a lo temporal un proceso de nacimiento, comer, dormir, desarrollarse, sufrir, y finalmente morir, y perderse en el olvido sin ninguna trascendencia de inmortalidad, sin embargo Jesucristo con su mensaje y sus enseñanzas nos garantiza vida eterna. Toda la Santa Biblia, nos habla de esta salvación maravillosa que tenemos por medio de Cristo Jesús.

El último versículo 16 del Salmo 91, nos habla de la “salvación”, y nos conecta con el Señor Jesucristo, cuando dice; “le mostraré mi SALVACIÓN”. Es una promesa triunfante al despedirse después de un mensaje tan poderoso.

Las Escrituras y la SALVACIÓN:

. El rey David testificó: “Cantad a Jehová cántico nuevo; Cantad a Jehová, toda la tierra. Cantad a Jehová, bendecid su nombre; Anunciad de día en día su salvación”; “Cantad a Jehová cántico nuevo, Porque ha hecho maravillas; Su diestra lo ha salvado, y su santo brazo. Jehová ha hecho notoria su salvación” (Salmo 96:1; 98:1,2).

Una hermosa promesa de salvación y esperanza que proclama Dios para el creyente y que la vez prefigura la exaltación de Cristo, que es la salvación viviente, léase su autoproclamación al llegar a la casa de Zaqueo; “Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa;” (S. Lucas 19:9).

. El Ángel Gabriel le declaró a la virgen María: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. (S. Mateo 1:21).

. Sus verdugos confesaron en la Cruz: “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar;” (S. Mateo 27:42).

. El apóstol Pedro dio testimonio a la Iglesia: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. (Hechos 4:12).

. La ESPERANZA de los siglos al fin cumplida: “Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación”. (Isaías 25:9).

. El profeta predice el sentimiento del Salvador, de “aquel día”; “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho;” (Isaías 53:11).

. Dios está a llamando hoy nuestra ATENCIÓN: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más”. (Isaías 45:22).

Dios nos muestra su salvación por medio de Jesucristo, ¿Cuál será tu respuesta? No dejes pasar esta oportunidad de aceptar la salvación que tenemos en el Señor Jesús. Hay un lamento triste de aquellos que no apreciaron esta maravillosa invitación de salvación y no tiene por qué ser tu caso, querido amigo, amiga. Dice el profeta; “Pasó la siega, terminó el verano, y nosotros no hemos sido salvos”. (Jeremías 8:20).

Bueno mi apreciado @, amigo, @, lector, estamos terminando este viaje maravilloso por las páginas de la Santa Biblia, y te he contado como Dios me ha librado del CANCER ésta vez, por su misericordia y mediante la FE en su PALABRA. Me ha mostrado la esperanza de la Salvación por medio de la FE en ¡Cristo Jesús!

Si hasta aquí, el Espíritu de Dios ha impresionado tu corazón, quisiera invitarte a que aceptes entregarle tu vida a Jesús el Salvador y Señor, allí donde hoy estés o te encuentres.

¿Aceptarás mi invitación?

¿Te puedo sugerir esta oración de ESPERANZA?;

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga” (Salmo 51:10-12) versión (BIN)

Mi apreciado, (a), espero verte muy pronto, en el paraíso de Dios y estar contigo a la sombra del árbol de la vida, con ¡mi Salvador JESÚS!;

Lee conmigo; “Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 22: 1-5).

Dios bendiga tu vida y tus amados.

 
 
 

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