TERNURA divina
- F. E. Lizana A.

- 27 sept 2019
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Actualizado: 27 sept 2019
“Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro…” (Salmo 91:4).
A los pollos les gusta estar juntos en pequeños grupos, tomar sol, darse baños de tierra y raspar el suelo en busca de alimento. La mamá gallina protege a sus pollitos con ternura e incluso ferozmente, alejando a los predadores y dándoles abrigo bajo sus alas.
Comentarios sobre esta noble ave.
Durante la historia numerosos humanos elogiaron a las gallinas por su valor y devoción paternal:
Plutarco, en el siglo I d.C. elogió a las madres gallina por su amor maternal: "¿Quién no ha observado cada día en casa la atención y asiduidad con la que protegen a sus polluelos? Algunas gallinas bajan sus alas a los pollitos para que entren debajo, otros arquean el lomo para que se suban encima; no hay ninguna par- te de su cuerpo con la que no quieran cuidar a sus crías si pueden, ni tampoco dejar de hacer esto sin la alegría y presteza que parecen mostrar por el sonido de sus voces".
Diferentes ensayos de investigación han determinado que las gallinas tienen características poco conocidas:
a) Pueden volar hasta un árbol y dormir allí;
b) son inteligentes, poseen autoconciencia;
c) sienten empatía hacia sus polluelos;
d) son sociables. Les encanta bañarse en tierra o en la arena, no en agua;
e) son nobles compañeros de humanos y animales;
e) son valientes.
1. Ulisse Aldrovandi, citó: "Prefieren morir por sus polluelos antes que buscar la seguridad del vuelo".
El sentimiento del Salvador del mundo
El Señor Jesucristo, días previos de morir en la cruz del Calvario, sintió tristeza divina por la ciudad de Jerusalén y sus moradores. Pronunció un lamento y una profecía que nunca habría querido que saliera de su boca. Lo ilustró con el tierno amor y cuidados de esta noble ave: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”. (Mateo 23:37). Lamentaba el dramático futuro para su nación.
La historia registra que el general romano Tito el año 70 d.C. destruyó el templo y quemó la ciudad de Jerusalén y miles de judíos murieron de hambre y sed, y por la espada de las tropas romanas. Cristo había dicho con dolor: “Cuantas veces quise… ¡y no quisiste!”.
Cuando la gallina está buscando confiadamente comida con todos sus polluelos dispersos en el campo y advierte el peligro que un gavilán o un aguilucho, otea en el aire con intenciones de atacar a los indefensos polluelos. Ella cacarea alborotada con tono desesperado, y abre expandiendo sus alas y los polluelos corren a refugiarse bajo sus protectoras alas.
El Salvador del mundo quiere protegernos de tantos males y peligros. Si tan solo quisiéramos, escuchar su voz, correr obedientemente a sus brazos cada día y buscar su refugio oportuno. El salmista por experiencia propia, declara una y otra vez: “Estaré seguro bajo la cubierta de tus alas. (Salmo 61:4); “Y así en la sombra de tus alas me regocijaré” (Salmo 63:7).
La nobleza de las aves
Recuerdo haber leído un artículo que anteriormente había salido en una edición de la National Geographic varios años atrás, y allí se contaba una historia increíble de amor y sacrificio. Relata que después de un incendio forestal en el Parque Nacional de Yellowstone, los guardabosques iniciaron una larga jornada montaña arriba para valorar los daños del incendio. Un guardabosque encontró un pájaro literalmente petrificado en cenizas, posada cual estatua en la base de un árbol. Un poco asombrado por el espeluznante espectáculo, dio unos golpecitos al pajarillo con una vara. Cuando lo hizo, tres diminutos polluelos salieron desde bajo las alas de su madre ya muerta. ¿Qué había pasado? La amorosa madre, en su afán de impedir el desastre, había llevado a sus hijos a la base del árbol y los había acurrucado bajo sus alas, instintivamente conociendo que el humo tóxico ascendería. Ella podía haber volado para encontrar su seguridad, pero se había negado a abandonar a sus bebes. Cuando las llamas llegaron y quemaron su pequeño cuerpo ella permaneció firme. Porque había decidido morir para que aquellos que estaban bajo sus alas pudiesen vivir.
Un amparo seguro
La nobleza del corazón de Dios hacia nosotros está simbolizada por esta tierna y humilde ser. Debemos creer que bajo el escudo protector de Dios es más seguro que un bunker contra ataques nucleares. No tenemos por qué repetir la historia de tantos desdichados rebeldes y desobedientes que no quisieron acudir a refugiarse bajo el amparo de Dios.
Creamos en la Palabra: “Y en la sombra de tus alas me ampararé Hasta que pasen los quebrantos”. (Salmo 57:1).
El himno 411 “Bajo sus Alas”, dice en la estrofa del coro:
“Salvo en Jesús, salvo en Jesús,
¿Quién de Él podrá apartarme?
Bajo sus alas siempre estaré,
Salvo y seguro por siempre”.
Gracias Señor Jesús por hablarnos, tan tiernamente a nuestro corazón, tan díscolo y descarriado.



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