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Rescatado del SEPULCRO

  • Foto del escritor: F. E. Lizana A.
    F. E. Lizana A.
  • 16 may 2020
  • 7 Min. de lectura

“;(…) lo libraré y le glorificaré”. (Salmo 91:15).


4ta. Promesa: “Lo libraré”


En abril del 2015, me diagnosticaron un linfoma difuso admigliano no hodgkin, un tumor cancerígeno en el ganglio izquierdo de la garganta. La noticia hizo tambalear mi fe. Me sentía decepcionado y contrariado con mil preguntas, sin alguna explicación concreta. Mi vida era hasta ese momento, como si yo, hubiese ido alegre por el parque, respirando el aire fresco de la mañana, de manos en bolsillo, silbando alegre, mientras algunos rayos de sol, le colocaban color a mi vida. Cuando de repente detrás de un árbol, aparece un personaje indeseable sin rostro se para frente a mí y, sin explicación alguna, me da dos bofetadas en la cara, dejándome en el suelo todo revolcado en el polvo. Resultado del diagnóstico me sentí afligido y confundido y pronto debía tomar una decisión, de someterme a un tratamiento de quimioterapia lo antes posible, de lo contrario el médico afirmó que moriría. ¿Dónde encontrar respuestas y consuelo? Después de algunos días de profunda reflexión, y por ilustrarlo de alguna manera, tuve que morirme, sepultarme, hacer el luto, y luego desempolvarme y regresar de allí, para dar la mejor cara y enfrentar todos mis temores juntos. Recordé Las PROMESAS del Señor y entre ellas, la del Salmo 91; 15 “(…) Lo libraré”.

Cristo fue librado y no quedó en la TUMBA para siempre

Como hemos dicho antes, estas promesas del Salmo 91, son para todos los que creen en la Palabra de Dios y qué, con fe se aferran a ellas buscando auxilio y fortaleza en momentos de crisis y aflicción, sin embargo esta alentadora promesa se cumplió en la persona del Señor Jesucristo, cuando fue librado de la tumba y resucitó para triunfo del cielo y victoria del evangelio. El rey David, inspirado por el Espíritu Santo profetizo el paso, estadía y liberación del Salvador de la tumba, cuando dijo; “Porque no dejarás mi alma en el Seol (sepulcro), Ni permitirás que tu santo vea corrupción”.(Salmo 16:10). Y así fue que el Señor resucitó al tercer día asegurando nuestra salvación, salió de allí para proclamar triunfante; “Yo soy la resurrección y la vida; “(S. Juan 11:25). Sus palabras estremecieron las puertas del infierno y hoy llena de ESPERANZA los corazones de millones de creyentes.

Un comentario inspirado sobre este suceso:

“…Los soldados le ven quitar la piedra como si fuese un canto rodado, y le oyen clamar: Hijo de Dios, sal fuera; tu Padre te llama. Ven a Jesús salir de la tumba, y le oyen proclamar sobre el sepulcro abierto: "Yo soy la resurrección y la vida”. Mientras sale con majestad y gloria, la hueste angélica se postra en adoración delante del Redentor y le da la bienvenida con cantos de alabanza”. (DTG. Cap. 82 pg. 726).

Es posible que estemos sumergidos sin poder salir de un profundo hoyo de arenas pantanosas que nos tragan cada día; Una tristeza que nunca pasa, una soledad que nos tiene amedrentados, una enfermedad que nos lleva lentamente a la tumba, una pérdida irreparable, un divorcio, una bancarrota en las finanzas, un desastre, una tragedia, y que en sí, parece ser un hoyo abierto que cada día nos engulle y no podemos salir de allí. ¿Qué hacer ¿ recordemos volverse al Señor y reclamar sus promesas y por medio de Cristo Jesús, Dios nos libre y nos saque de allí. Recuerda, Dios no nos abandonara, nos sacará de allí, si clamamos con humildad por misericordia, porque él lo ha prometido; “Porque no dejarás mi alma en el Seol (sepulcro)” (Salmo 16:10).

Testimonios extraordinarios que fortalecen nuestra FE en Dios

Nuestro misericordioso Dios, no abandono, ni dejo a Jonás en el vientre del gran pez, su oración fue;

“(...) Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, Y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo” (Jonás 2:7).

Tampoco dejo a Moisés en la tumba, ni en las manos de Satanás, aunque éste reclamaba su cuerpo. El registro del apóstol dice; “Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda”. (Judas, 9).

Asimismo, recordar el ataque artero de Satanás, contra el justo Job. Dios estuvo a su lado en los momentos más críticos y los días más negros de su padecimiento. Dios no lo dejo allí sufriendo hasta morir, para satisfacer el capricho infernal del diablo. Leamos parte de los pasajes dramáticos en las Escrituras que registran la experiencia de Job y, la restauración posterior que hizo Dios en su vida; “Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Y tomaba Job un tiesto para rascarse con él, y estaba sentado en medio de ceniza (…) Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo mil yuntas de bueyes y mil asnas, y tuvo siete hijos y tres hijas”.

(Job 2:7,8; 42:12).

Tenemos el testimonio valiente de los tres jóvenes hebreos en la corte de Babilonia ante el rey Nabucodonosor, que no quisieron violar su conciencia de adorar a otro dios que no fuera Jehová de los ejércitos. Y el resultado ante tal negativa, es que fueron echados vivos a un horno recalentado siete veces más de lo normal. Sin embargo, esta prueba bárbara hacia la integridad de los jóvenes, sirvió para dar testimonio que no estaban solos y abandonados a la voluntad de un rey, sino que Dios los sacaría del horno ardiendo, aunque eso considerara bajar del cielo y estar con ellos a su lado en la prueba. Dice la Escritura; “Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo. Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses”. (Daniel 3:23-25).

El enemigo de Dios y el hombre, que no cesa de maquinar calamidad en contra de los hijos de Dios, no trepidó en inventar un decreto engañoso que juzgara y condenara al fiel Daniel. El siervo de Dios se mantuvo integro de amor y devoción al Dios de sus padres y no le importó la sentencia de tal decreto injusto. La acusación y la sentencia llegaron a su puerta y fue lanzado vivo a un foso de leones hambrientos. Esa noche el profeta Daniel allí con los leones, no estuvo solo, Dios escucho sus oraciones y envió a su ángel para tapar la boca de los leones. Al día siguiente, Daniel salió del hoyo en que se encontraba rodeado de leones feroces, sano y salvo. Dios lo saco de allí. Este hecho, fue una oportunidad para la gloria y honra de Dios, porque un rey, allí a la puerta del foso de los leones, le entrego su corazón al Dios de Daniel. Leamos el pasaje de la Biblia;” (...) Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones? Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo”. (Daniel 6: 20-22).

Ante el dramático final del profeta Juan el Bautista, pareciera que quedo abandonado en la mazmorra de Herodes y alguien puede pensar que Jesús no hizo ningún milagro extraordinario para liberarlo, pero debemos recordar que le envió un mensaje por medio de sus discípulos, de ánimo y confirmación de su ministerio desplegado en favor del Mesías. Léase S. Lucas 7:22. Y además a continuación para los oyentes el Señor hizo una declaración velada sobre el futuro del profeta, aludiendo que estaba decidido por el Padre y el Hijo, que su destino no sería “dejado en el Seol” para siempre, cuando dijo; “Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él”. (S. Lucas 7:28). No quedaría para siempre en esa cárcel humillante, muerto y abandonado a su suerte. Estaría en el cielo con Jesús y los ángeles de Dios en el futuro próximo.

Dios ESCRIBE derecho con caracteres curvilíneos

Según los testimonios bíblicos expuestos, podemos ver que siendo hijos de Dios no por ello estamos eximidos de compartir la suerte de lo que es la miseria humana y que, aun padeciendo dicha condición, nuestra pregunta apresurada no debiera ser “Porque a mí”, sino más bien “para que…” y sin duda, confiar Dios, que tiene todas las respuestas.

Volviendo a mi experiencia comentada al principio del capítulo, sobre el diagnostico temible e indeseable que nadie quiere escuchar, puedo decir que el Señor hasta aquí, me ayudó y libró del CANCÉR. Hoy doy testimonio de su misericordia y estoy escribiendo para ti esta meditación mi apreciado lector@. Te animo a que tengas paciencia y fe en medio de las pruebas y aflicciones.

Te invito a confiar en las promesas del Señor ahora mismo, no importa cuál sea tu gran problema, angustia y temor, no debemos olvidar que para el Dios revelado en el SALMO 91, ¡Todo es posible!

En los próximos capítulos finales del ascenso a la cumbre espiritual en que vamos al leer más de las promesas de Dios, tendremos más FE, respiraremos más ESPERANZA, recibiremos más PODER de Dios. Te invito….

 
 
 

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