Más alto que el EVEREST
- F. E. Lizana A.

- 17 dic 2019
- 5 Min. de lectura
“(…)Le pondré en alto por cuanto ha conocido mi nombre”. (Salmo 91:14).
En la disciplina del montañismo, se conoce “atacar la cumbre “, escalar la montaña y alcanzar la cima en el último tramo, que desde el campamento base hasta la cumbre debería ser corto. Es el día soñado y lograr el objetivo produce una contagiosa excitación entre los integrantes del equipo.
En estos tres últimos versículos 14, 15,16 que nos quedan del Salmo 91, intentaremos desarrollar el remate final, para acercarnos a la cumbre eterna que es Cristo Jesús.
Según el testimonio del Padre comentaremos las siete últimas promesas, centradas en su Hijo el Señor Jesucristo:
1) Le pondré en ALTO. ;
2) Yo le RESPONDERÉ..;
3) Con el él estaré yo en la ANGUSTIA;
4) Lo LIBRARÉ;
5) y le GLORIFICARÉ;
6) Lo saciaré de LARGA VIDA;
7) Le mostraré mi SALVACIÓN.
1era. Promesa: “Le pondré en alto “
La Biblia da testimonio que nadie amó a su Padre, ni entendió la voluntad del Padre como Jesús; “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (S. Juan 1:18). Los hombres y algunas religiones, muestran al Señor Jesucristo como un profeta excepcional, un avatar y nada más, sin embargo las Escrituras revelan que el carácter y la personalidad de Cristo son incomprensibles para una mente natural, y que debe estudiarse con un discernimiento sobrenatural. La impecabilidad e inmaculabilidad de su carácter es asombrosa.
El apóstol Pablo desarrollando el tema sobre “el misterio de piedad”(1 Timoteo 3:16). Escribió así; “ Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:5-11).
No fue fácil para el Señor alcanzar estas “alturas”, pero como olvidar su ministerio de amor abnegado que solamente conoció el sufrimiento y la persecución, que se extendió desde el pesebre de Belén hasta la cruz del Calvario. Los últimos tres años y medio,
¡los más dramáticos!.
Todo comenzó allá en el cielo cuando el enemigo de Dios, atrevidamente declaro; “Subiré al cielo ¸en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del Testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré se- mejante al Altísimo”. (Isaías 14:13,14), pero allí mismo donde Lucifer pensó en su corazón aquello, vino la caída desde la misma sala del trono de Dios.
Jesucristo es nuestro ejemplo y debemos identificarnos con El. Tal es el espíritu de Cristo, que es contrario al del enemigo. Tener el espíritu de Cristo, nos asegura tener parte con Él, en las “alturas “de Dios.
Dios insiste en sus promesas.
Señor Jesucristo alcanzó la altura máxima del universo al resucitar glorioso y sentarse a diestra del Padre, (Col. 3:1; 1 Tim.2:5; Heb. 8:1,2), y nosotros los que hemos creído en su victoria, somos participes de
esta hermosa promesa del Salmo 91. En el AT. Para Israel la promesa era; “y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo hablado” (Isaías 58:14), y nuevamente Cristo en las páginas del NT. Nos ha dejado la misma promesa de llevarnos a las mayores alturas inimaginables, al cielo donde moran los ángeles, donde “habita el Altísimo”, cuando leemos; “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (S. Juan 14:1-3).
Mientras el Señor Jesucristo no regrese aun a la tierra como prometió, como hijos de Dios debemos aspirar a mayores alturas aquí en la Tierra, para su honra y gloria, ¿porque hemos de vivir por creer en el “Nombre “, con tan poca autoestima, cómo sintiéndonos amedrentados antes los desafíos de un sistema adverso e implacable? ¿Le agrada eso al Señor? ¿Quiere eso el Señor para nosotros? ¿Cuál es el beneficio de creer en su “Nombre”? ¿No somos acaso hijos de las promesas de Dios y coherederos con Cristo de todas las riquezas celestiales? ¿Porque poner la mira en las cosas de abajo y no colocar la mira en las cosas de arriba de donde finalmente esta nuestra ciudadanía? , Véase Filipenses 3:20.
Dios ha prometido; “(…) porque yo honraré a los que me honran (…)” (1 Samuel 2:30).
¿Sabes por qué un águila real nunca las veras en la calle, ni en el prado de tu casa? Porque las águilas vuelan en el espacio abierto. Ellas habitan las alturas. Seamos como las águilas de Dios; “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31).
Un ejemplo inspirador.
El conquistador de la tierra prometida Caleb, con 85 años de edad, pidió las alturas del monte Hebrón por heredad y Dios se la dio en victoria sobre los gigantes y tomó aquella heredad porque Dios se la había prometido. Dijo así; “Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho. Josué entonces le bendijo y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad(…) “(Josué 14:12-14).
La más grande de las alturas.
Hoy sabemos que los Gobiernos chino y nepalí se acaban de poner de acuerdo para fijar oficialmente en 8.848 metros la altura del monte más elevado del mundo, el Everest, que se alza en la frontera entre los dos países. Pero quisieras saber, que mientras esperamos el regreso del Señor Jesucristo ¿cuál es la altura más grande hoy, aquí en la tierra? ; No es el monte Everest, ni la torre Tokyoskytree de 634 m. Ni el rascacielos Bury Khalifa en Dubái con 828 m.
El lugar más alto de este mundo es estar cada día al pie de la Cruz de Jesús. A los pies del Señor de la gloria. Un privilegio presentarse cada día ante Él y entregarle el corazón, con tus sueños y tu futuro. Con- fesarle que le amas por la salvación tan grande que nos ha dado y que nos libra del mal. Agradecerle por el consuelo, la paciencia y esperanza que encontramos en su bendita Palabra, y en sus promesas…
Mi apreciado lector, anímate y no desmayes, tú tienes un destino glorioso en las alturas de los cielos, junto a los ángeles de Dios.¡ Las promesas hechas a Cristo, también son nuestras!.
¡Dios te bendiga HOY!





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